sábado, 22 de febrero de 2014

Simultáneas


Sólo yo sé qué es
lo que abrazo
en lo oscuro
poco antes del sueño
cuando el cuerpo
no sostiene sino
que es sostenido
y suspendidas
sus funciones
de carne puede
tener memoria
de sí mismo puede
traer tactos lejanos
y sonrisas frutales
puede odiar
a breves intervalos
o armar totalidades
con imposibles piezas
porque el espacio
de la no luz no duerme
es arena de piel
contra tejidos in
coloros y limpios in
sonoros terribles
o preciosos o tibios
es instante en pureza
de momento es lo que
soy debajo de lo que
he elegido en diminutas
disyuntivas todos los
segundos todos los
minutos todas las
horas y los restos
diurnos como restos
humanos como restos
meteóricos me esperan
para armar eso todo
que me arropa las pieles
poco antes del sueño
si es que llega
en el peso de ser
y el abrazo de ser
sin rendición de cuentas.

domingo, 26 de enero de 2014

En el desierto


                                                                                                   Gracias, JEP.

quizá sepa ahora de dónde
vienen mis ojos

porque me has dicho 'tus ojos
han llegado a des/tiempo' eso
me dijiste y yo pensaba
si el destiempo es lo único
que sabemos
del tiempo

y ahora
              qué sé yo
que el abandono
me desahucia las manos
más que un adiós bien dicho o un odio
consumado
en las esperas
          ahora
puedo partir detrás del que cruzó
el umbral
del que no volverá pero irá
al llamado de pasos que antes fueron
fueron de ir
han sido
no lo sabemos nunca
ni atinamos a nada

de ahí vienen mis ojos

de amarillentos diarios con muertes
diminutas lejanas
que sólo nadie sabe
de viajes hacia nortes 
interminables
y de vejez a fuerza de Salgari

por eso
porque no hay manera
ninguna apetecible manera
     por eso mis ojos          zarpan
y olean y
encallan y
trafalgarean
y aquello imaginable en el único puerto
sin relojes


no me preguntes cómo

domingo, 12 de enero de 2014

Corona de sonetos: Cabañuelas 2014

CABAÑUELAS

De nube a nube el tiempo, lluvia el año:
inundación de sal purificada,
ave de luz azul diseccionada,
doloroso extravío, muerte, engaño.

Fue dos mil y fue trece, llamarada,
fantasma diurno de un amar extraño,
pastor disperso de falaz rebaño,
fue la risa en presencia, coronada.

Se bienvino el equívoco y el llanto,
el sentido fue leve cuando ausente
y un ventanal se abrió para este canto.

Año espasmo, pretérito presente,
de rencor y mentiras, camposanto;
para el cuerpo al vapor, un continente.

(Despliegue)

De nube a nube el tiempo, lluvia el año,
se condensa la niebla cada día
y yo recuento aquí el cambio de vía,
en madeja que incierta desentraño.

Hubo de todo, menos cobardía,
hubo desiertas pieles como antaño,
pero si pasa el tiempo, sana el daño
y crecer no conoce de agonía.

Por momentos vencieron los enojos,
cuando la fe creyóse abandonada
y se oxidaron todos los cerrojos;

mas llega al fin el ánima en cascada:
sonrisa en labios tibios, y en los ojos
inundación de sal purificada.

Uno

Inundación de sal purificada
en una habitación llena de sueño
de la que es el revés único dueño
como si hubiera visto madrugada.

“Haz camino”, me dice, y frunzo el ceño,
porque ya creo estar amurallada,
mas me muestra una nueva encrucijada
que permite colores y diseño.

Abro entonces la vista y con empeño,
arriesgo el cuerpo hacia la noche alada
y a mi voz nuevo cántico le enseño.

Vuelo allá, desde el trópico a la helada,
y al universo doy, si me despeño,
ave de luz azul diseccionada.

Dos

Ave de luz azul diseccionada,
mira en relieve si la sed persiste
porque viene al recuerdo que tú diste
a este marco, el festín de la mirada.

El límite de golpe me expandiste,
devino el punto en línea no trazada
y pudiste mostrar a tu llegada
que a veces está bien quien está triste.

Y si alguien prejuzgara, todavía,
que sólo existe un centro y un tamaño,
darle un nuevo cristal, yo desearía;

pues sin esta ventana que no empaño,
en rigidez brutal, sólo vería
doloroso extravío, muerte, engaño.

Tres

¿Doloroso extravío, muerte, engaño?
¡Qué términos de hiel, qué poca risa!
Prefiero la palabra que hipnotiza
al sentido en altar, cual ermitaño.

Quiero tomar el rumbo a contrabrisa
y ser castaña, pero no castaño;
ser escalera, pero no peldaño;
soñar la nieve acústica, insumisa.

Permítaseme el té y el disparate,
matrimonio de abrazo y carcajada
que en verde corazón, humilde late.

Festejemos así la campanada,
pues, mi querida Alicia, este dislate
fue dos mil y fue trece, llamarada.

Cuatro

Fue dos mil y fue trece, llamarada,
año de agua, en sí mismo se refracta
y en corriente que de su miel se jacta
confluye negación ensortijada.

De lo siguiente les extiendo un acta:
a veces la sonrisa es rechazada,
mas si vemos verdad entrelazada,
también se aprende del que se retracta.

¿Sufriste alguna vez ese motivo?,
¿de sal humedeciste cierto paño
por algún cruel adiós definitivo?

Míralo así: ya nada es como antaño,
y el No se ha convertido en un esquivo
fantasma diurno de un amar extraño.

Cinco

Fantasma diurno de un amar extraño,
el pasado es un son que nunca cesa;
sumario de recuerdos, fortaleza
de sueños sin lugar, mina de estaño.

Es de sol su febril naturaleza,
de veredas su páramo aledaño
y si acaso nos muestra rostro huraño
es porque así de astuta es la belleza.

Venga el antes cual sucia primavera,
que el arpa del pretérito yo taño
para hacer la memoria verdadera.

Tiene la historia el vértice de hogaño,
pues sin ella el presente sólo fuera
pastor disperso de falaz rebaño.

Seis

Pastor disperso de falaz rebaño
parece ser el tiempo, que en su vuelo
siembra extravíos, causa mi desvelo
al llevarse de mí lo que acompaño.

Mas lo pienso dos veces y revelo
que si doy por ausencia ese regaño,
sólo consigo lágrima y me ensaño
con nubes que no son sino mi cielo.

Entonces nada pierdo, y el vacío
es sólo ese fantasma que a la nada
saluda desde el fondo de algún río.

No hay ausencia, es sólo la mirada
y en esa ruta, si algo nombré mío
fue la risa en presencia, coronada.

Siete

Fue la risa en presencia, coronada
por el instante de miradas ciertas
que devienen en sí, llaves abiertas
a intereses que llegan en cascada

y en cascada se van, porque las puertas,
así como celebran su llegada,
saben reconocer también la helada
certeza del adiós en sus cubiertas.

Es de soles posarse en pleno día,
pero también conocen desencanto
y retiran su luz sin fantasía.

No hay cómo celebrar alivio tanto,
si gracias a la ruta en doble vía
se bienvino el equívoco y el llanto.

Ocho

Se bienvino el equívoco y el llanto:
fiesta vivaz de anhelos y temores
que construye de versos sinsabores
pero también sonrisas de quebranto;

porque al mirar, digamos, esas flores
su forma se revela y el encanto
se desliza en lumínico adelanto
de aquello que al brotar serán colores.

Hay una fuga púrpura en el todo
que revela el fulgor de lo aparente
y otorga al tiempo un orden y un recodo;

así fue como, unidos cuerpo y mente,
tuvo el alma certezas y a su modo,
el sentido fue leve cuando ausente.

Nueve

El sentido fue leve cuando ausente
y acarició las aguas de esta piel
que en sus bordes brillantes de papel
tiene un nido de brújulas latente.

Porque al norte conquista, en pleno, aquel
que no sólo conoce el mar silente,
sino que el eco de su voz ardiente
también esculpe a piedra y a cincel;

Por eso yo en silencios me contuve
y al besar esta voz que ya levanto,
pude seguir al viento cuando sube.

Entonces, al decirme sin espanto,
se condensó el llover en una nube
y un ventanal se abrió para este canto.

Diez

Y un ventanal se abrió para este canto
que es propio y se alimenta de otredad,
porque hay mucho de ajeno en la verdad
aunque nunca sepamos qué ni cuánto.

Es el otro una rota levedad
que ciega los sentidos con su manto
y con la suavidad del amaranto
se despliega sin prisa ni piedad.

Viene entonces la lúgubre certeza
de que no será nunca suficiente
porque somos del mar sólo una pieza;

así que en el fluir de este torrente,
sólo queda nombrar a esta proeza
año espasmo, pretérito presente.

Once

Año espasmo, pretérito presente,
déjame ser el aire que pregunta
y descansar del ánima presunta
que insiste en obligarme a ser lo urgente.

Quiero ser eslabón que nada junta
y resistir los golpes dignamente
para emerger del círculo en simiente
como huracán inverso que repunta.

Y si el camino va a reconocer
de la oportunidad la seña y santo,
también quiero borrar si da placer;

y saber clausurar a calicanto
para que el viaje mío sepa ser
de rencor y mentiras, camposanto.

Doce

De rencor y mentiras, camposanto
es este mar de tinta donde estrello
la ilusión de lo eterno, de lo bello,
y un mágico ritual en esperanto.

Digo aquí si contemplo o si destello,
si a la noche con sueños amedranto,
si bajo vendavales me trasplanto
o si cuelgo sirenas de mi cuello;

porque es un trazo el mundo y si me pierdo,
son mis líneas la ruta y la vertiente
que me dejan migajas al recuerdo.

La letra es ese beso que en mi frente,
muta en latir de mi costado izquierdo:
para el cuerpo al vapor, un continente.


(Abordaje)

Para el cuerpo al vapor, un continente
es el vaivén del ser en calendario:
de memorias perdidas, un osario;
de suspiros caídos, un suplente.

Y a su paso, cual lírico santuario,
se deposita el pulso firmemente
como si fuera amor lo que se siente
sobre éste, nuestro efímero escenario.

Pienso entonces que el sórdido latir
y esta intuición que a solas enmaraño
son acaso el sentido del morir

y advierto, sin que suene a desengaño,
que es la única certeza el devenir
de nube a nube el tiempo, lluvia el año.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El sí de las niñas

Un sí mueve al mundo. Basta que aparezca para unir, intercambiar, acordar, hacer guerras, construir o destruir. Es la conclusión de un proceso en el que se ha evaluado la posibilidad de afirmación, y se afirma. Sí: dos fonemas poderosos que decimos todos los días con varios pretextos, aunque no siempre signifiquen lo que parece. Porque después de darle muchas vueltas al asunto del abuso sexual y de la discriminación por género, a propósito del caso de Yakiri Rubí Rubio (a quien dictaron auto de formal prisión después de haber denunciado un abuso sexual cuyo perpetrador murió durante la ejecución, desafortunadamente por muchas razones), me llegó esta claridad, que puede ser momentánea o duradera, de que una de las grandes causas para esto es la falta de educación que tenemos en general para decir que sí. Un concepto tan breve, sencillo y generoso se ha vestido de tantas cosas que hoy, a esta hora, bajo esta luna, pienso que detenernos en él puede aportar un poco de luz. Al final escribir es desenredarse y a veces, desenredar al otro. O enredarlo de otras maneras, lo que siempre es bueno.

La ausencia de sí no siempre es negación; sería ver el mundo en un triste blanco y negro que no se parece en nada a esta vida nuestra en la que hay tantísimos escalones entre un extremo y otro. Se llaman matices y son los mejores amigos que podemos tener. Un sí auténtico se reconoce a la distancia sin pronunciarlo siquiera; si no aparece, es un vacío que no necesariamente es no, pero tampoco admite nada. Y hay que obedecer a eso, no se trata de la lógica maniquea del “si no estás conmigo estás contra mí” o de la admisión por default: hay tantas opciones, tantos panoramas, tanto margen de error y espacio para moverse, que lo peor que podemos hacernos es condenarnos a emitir siempre juicios apresurados y peor aún, creer que porque ya manifestamos algo somos esclavos de nosotros mismos, cuando en realidad estamos en constante cambio. Decir un sí, o su contrario, no nos compromete a nada posterior. Por eso no es posible que se acuse a Yakiri, pues si bien existe la posibilidad de que su versión no se apegue a lo que en realidad sucedió, basta ver el contexto para indignarse tan sólo por el trato que se le ha dado. Que investiguen, sí, porque por mucho que el caso toque tantas fibras sensibles, la labor de un sistema judicial confiable es dejar a un lado lo subjetivo, así como la labor de la sociedad civil es ponerlo en primer lugar; pero que no se dé un veredicto exprés que da cuenta de tantos prejuicios ajenos a la impartición de justicia, que sólo puede sentirse asco ante él.

Porque ese sistema judicial reproduce muchos esquemas que existen fuera de él, y que son justamente los que me incomodan más en lo personal, porque a todos (y quizá más a todas, por el ámbito concreto al que hago referencia) nos ha tocado vivir sus consecuencias. Contaré de mí porque es de lo que puedo contar, pero seguro que cada cual tiene historias al respecto. Hace poco, por ejemplo, caminaba por la avenida Revolución vistiendo un bonito vestido rojo y unos hombres a lo lejos me gritaron el clásico piropo guarro que hace alusión a ese color, mismo que omito aquí por puritito pudor; sin embargo, no me ofendió sino al contrario, me dio risa y me dejó pensando en lingüística (conté las sílabas y todo), además de un montón de cosas. La verdad es que a mí no me preocupan tanto los piropos banqueteros, ni el uso del masculino/femenino en cada palabra, ni otras manifestaciones machistas pasivas: me preocupan sobre todo los cercanos que pueden pasar del dicho al hecho y peor aún, los que se asumen cercanos, como si la sola presencia del otro (otra) fuera ya una invitación para una fiesta que generalmente sólo existe en su cabeza. Me aterran las personas que en automático llenan cualquier vacío con un sí, o que de plano lo entienden aunque explícitamente se les diga lo opuesto.

Pensar en esto me ha hecho revolución porque justo en este año me ha tocado lidiar con situaciones que han puesto en juego mi propia postura ante la cultura de la “provocación” femenina a partir del manejo de la imagen, el trato y las palabras. A mí me dio apenas por hacerle honor a los “selfies”, por abrir mi pensamiento hacia otra idea de la sexualidad y explorarla en mi escritura, inventándome destinatarios que no se corresponden con nadie real; también he logrado al fin tratar a los hombres y mujeres que admiro con cariño y entusiasmo genuinos, sin reservas, quitándome prejuicios del “qué dirán” y demás falacias. Pero de repente me encuentro con filtros que distorsionan estas expresiones y he tenido justamente que aprender a reconocer y a valorar mi propio Sí, lo que no ha sido siempre bonito. Y sé que no soy la única a quien le sucede esto, y me preocupan mis alumnas, por ejemplo, que viven esto todos los días y ya no saben cómo salir del círculo que muchas veces les da satisfacciones (de las que se sienten culpables porque se asumen provocadoras, provocativas), pero que también les ocasiona muy malos ratos. Por eso me interesa decir: no se equivoquen. La sonrisa de una mujer feliz, el trato afectuoso, el compartir tiempo o la escritura erotizada no significa acceso a nada más, como un beso no significa acceso al coito, una cita no significa interés romántico, una golondrina no hace verano ni ir a la escuela significa aprender. Como tampoco un sí particular significa un sí general.

El sistema político y económico en el que vivimos nos obsequia contradicciones a cada segundo. También ellos se han beneficiado del vacío de sí en que vivimos y sobre esa base funciona, para empezar, eso que llamamos democracia (el muy discutible sí del voto entendido como el aún más discutible sí a toda acción del gobernante) y de ahí, lo que vemos todos los días en las noticias. Pero nada pueden hacer, si no lo permitimos, con los puentes que trazamos de persona a persona, y ahí es donde creo que podemos incidir con un cambio de estructuras de familia, amigos, pareja, conciudadanos. Aprender y reaprender el sí: a sentirlo, decirlo y escucharlo. Un sí es una expresión de la conciencia en positivo: es propuesta contra el reclamo y enojo del no, que también hace falta educar. Las agresiones sexuales suceden porque se da por hecho que siempre hay un sí escondido o sobreentendido: como quienes piensan que las figuras públicas (que no servidores, que de ellos sí es su trabajo) “tienen que” responder siempre de buena manera y atender a sus seguidores. Porque seguir se convierte en exigir; admirar se convierte en poseer; amar se convierte en pertenecer.

No me gusta cuando alguien invalida el punto de vista de otro argumentando que no se puede opinar de algo que no se ha vivido; por supuesto que se puede, y se debe, pues de las experiencias ajenas se construye el imaginario colectivo y de los desacuerdos, nuevos acuerdos o al menos intercambio. En mi caso personal, esto lo he aprendido a la mala y quizá por eso me mueve tantas fibras el que suceda algo como lo de Yakiri y darme plena cuenta de que no está tan alejado del día a día de todos, de manera tal que pasa desapercibido de tan evidente. Por eso escribo de esto y no de otras cosas, aunque confío en que todos tenemos banderas que nos interesan y que compartimos: esto de opinar es un trabajo en equipo. Porque al final todos quienes tenemos una posición privilegiada de educación, satisfacción de necesidades básicas y acceso a otros puntos de vista podemos decidir con mayor profundidad y a veces logramos dilucidar algunos puntos que urge compartir con la idea de que aportarán al debate, y de que el debate podrá permear aunque sea un ápice en la realidad realmente preocupante, la que a veces se nos esconde o se nos olvida: la de quienes no tienen opciones.

Yo seguiré publicando fotos de mi cara o de mis piernas, escribiendo lo que se me antoje y perfeccionando el método del “sí, cómo no” ante aquellos faltos de matices cuya educación sentimental no da para pensar en otro tipo de relaciones hombre-mujer que no sean románticas, y estoy aprendiendo a verle el lado divertido en tanto juego ocioso en el que cada vez estoy más a salvo; pero no hay que olvidar que mucha gente no tiene siquiera margen para divertirse. Es cierto que no podemos cambiar el mundo, pero no hace mal contribuir a veces a intentarlo desde la trinchera que nos hemos construido. Opinar, tuitear, ironizar, poetizar, leer, platicarlo, discutir, escuchar, intercambiar, contar, cantar, dibujar, no sé: cada quién tiene superpoderes que funcionan ante todo para el totalmente válido placer individual, y que no está de más usar de repente para el bien común, para el placer colectivo. Lo que no nos obliga de ninguna manera a hablar sólo de eso ni a esperar siempre el gesto solemne de quienes se han manifestado ante algo: sería, otra vez, la lógica del “sí o no”, sin matices.

En el caso concreto del machismo y sus ramificaciones, tampoco se trata de actuar con extrema cautela bajo el temor de que cualquier cosa que se diga o haga sea tomada como machista, ni de construirnos un nicho en la idea del “sólo para mujeres”, porque sigue siendo un tipo de discriminación en muchos sentidos y eso da pie, tarde o temprano, a un muy comprensible hartazgo que juega en contra del cambio de estructuras. Creo que se trata de responsabilizarnos del yo ante todo, de preocuparnos a solas por demarcar nuestros propios límites para ofrecer a los otros un mapa cuidadosamente trazado, con la confianza de que podremos reconocer los momentos del sí, de su ausencia o de su contrario. Y de que una vez admitido algo podremos acordar nuestras propias reglas y dinámicas con base en escucha, y no en dar por hecho absolutamente nada. Me gusta ponerlo por escrito aunque se pueda tachar de idealista, porque expresarlo es una puesta en práctica que me ayuda a esclarecer mi propio actuar, por lo pronto, y a poner sobre la mesa una postura. Generalmente le jugamos a la neutralidad y está bien, porque tampoco se trata de andar buscando siempre confrontaciones gratuitas, pero hoy con esto se me ha disparado tanto que quise compartirlo. Y eso, de inicio, ya es un sí que me gusta.

Estoy convencida de que es en las pequeñas acciones donde se originan los cambios, y si bien quienes hemos vivido experiencias agresivas sabemos que se aprende mucho y que termina por ser un parteaguas positivo la mayoría de las veces, lo que deseo y en lo que quiero aportar para la generación de mi hermana, de mis alumnos, de mis sobrinos y las que vengan es que no tengan que aprenderlo en carne propia, sino que se encuentren con una sociedad que los bienviene y los dispone para escuchar su propia voz. Que si les falla el sistema político y económico, como le ha fallado a Yakiri y a tantos otros, tengan otro sistema que los respalde y les enseñe que no es ése el único rostro del mundo. Porque no lo es. Yo no sé ustedes, pero a mí ahora me parece que podemos empezar a solucionar desde lo que nos sí nos pertenece, que somos nosotros, para acercarnos un poco más a esa sociedad en la que cada quién se haga cargo de sí mismo, desde el sí mismo.

Y a sí.

martes, 17 de diciembre de 2013

Así que esto es volver (2007)

(Escrito por mi yo/ella del 5 de octubre de 2007.)


Me gusta concluir. Vuelvo una y otra vez a observar mis obras, pero siempre, siempre parecen tanto de alguien más. Qué estará poblándome las manos, qué gusano abismal se me coló en la mirada. 

Huesos. Pero es que yo no tengo nada. Estoy en ese punto que tú sabes, meciéndome. Qué hallaré al otro lado.

Me espantan las alfombras porque devoran todo. Prefiero los suelos desnudos, fríos y llenos de huellas.

Qué estaré pensando ahora.

Conozco los caminos de los mapas, (¿y entonces?), siempre marchamos hacia donde no partimos. Qué será preguntarse cuándo, cómo. Por qué desear que las cosas armonicen. 

Para qué la poesía, para qué. Si sólo estamos huecos desde el inicio.

De dónde tantas aguas. Pareciera que nunca estuvimos en la niebla. Y estamos.

Cómo es que decidimos. Cómo el canto, los niños, la fuerza, el vino, las coristas. Qué sensación tan grande, quedarme suspendida en aquel viento. 

Qué sonrisa entender, señor Freud: en este yacimiento no hay arena.