viernes, 9 de agosto de 2013

Año dos





Una vorágine: eso han sido estos dos años para mí, adentro, conmigo.
La intensidad.
Un ventanal.

Es lugar común decir que cada vez que deseamos hacer un alto en el camino para mirar lo que hemos recorrido, parece que sólo hemos vivido un instante.

Hoy quiero dar la vuelta a ese lugar común.

Hoy veo mi último año en esta ciudad preciosa y sí, se aglutina con los otros que he vivido, pero su densidad es lo distinto. Es como si se hubiera creado para mí un campo de algodones sobre el que puedo andar sin temor a caerme o lastimarme. Una delicia.

El buen pretérito sublima cualquier verbo, cualquier tiempo.

A final de cuentas, después de haber enfrentado mi primera pérdida irremediable de alguien queridísimo, me quedo con la idea de que todo esto consiste en atravesar y atesorar, de principio a fin, historias que nos harán perfecto ese segundo antes de morir. Ahí, en ese último respiro, nos sostendrán todas las certezas alcanzadas y sabremos que Fuimos. A eso llamaría misión cumplida. A eso, sin conflictos, llamaría felicidad.

Los recuerdos no son adornos ni refugios: son el aire finamente cristalizado alrededor nuestro. Ventanales a medida. Materia de sueños. Heroísmo.

Hace un año di mi testimonio, aquí mismo: tenía una sonrisa y tenía corazonadas. De estas últimas, todas se cumplieron. Todas. Viví intensamente el proceso para entrar a una maestría de la que curso ya el segundo semestre y cada vez que camino por mi UNAM me da un vuelco el corazón, lo que es decir a diario; comencé el que ha sido quizá mi mejor año como profesora; bienvine personas hermosas en mi vida y despedí a otras justo a tiempo. Validé mis propias letras, las capitalicé y hasta las defendí con uñasdientes de diva ante la falta de ética. Renuncié, dije no; dije sí, acepté. Pensé en el revés y el sinsentido. Recobré estructuras. Escribí y leí como no tengo memoria de haberlo hecho antes.

Dije todo, y hasta de más.

Me disculpé de antemano por estos arranques de honestidad exhibicionista y por mi exceso de lirismo en la praxis; después de todo, son parte de mí. Me hago cargo de ellos. Y me gusta.

Seguiré festejando mi aniversario de regreso a la ciudad de México porque definitivamente marcó un parteaguas en mi vida. Hay gente que me conoció antes y ahora casi me desconoce; y aunque honestamente creo que no es para tanto, quizá puedo aceptar que me pasó algo muy parecido a lo que llaman el “segundo aire”.

Curioso, en una ciudad donde la calidad del aire es cuestionable.
Pero yo también lo soy.

Y me gusta.

jueves, 1 de agosto de 2013

Primero insomnio


Negra el agua en el pozo de la noche:
el insomnio nos toma por certeza
y nos insta a nadar en la represa
de oscura humanidad, del no reproche.

A medio mar, a medias la sorpresa,
el sopor absoluto del derroche
cierra el silencio turbio con el broche
de la más pura y pródiga belleza.

Fantasma en espiral, casi vampírico:
se desdice, se da, pero no sana;
lira lo anuncia y nunca llega lírico.

Es así la vigilia, una ventana
que en los tiempos del otro y su yo onírico
se desvela, se posa y empantana.

sábado, 20 de julio de 2013

Falso testimonio


Ni siquiera renunciar: el absurdo está ahí. Se imprime, se publica, se dice y nada cambia. No hay abrazos para nadie con mi rostro. Se usa la mirada de quien sueña la muerte, se llora, se agoniza. Da lo mismo. Es igual ser la víctima que ser el verdugo, cuestión de maquillaje y de vestuario. Se abandona, se vuelve, se es invisible para quien importa. ¿Y? Ya no son siquiera nada estas palabras. Ni sonido ni voz, ni lluvia ni equilibrio: mecanismos apenas de un no dios que se posa sobre dientes de león, a punto el viento.

lunes, 15 de julio de 2013

Si él mi gato, yo su humana

Yo no sé ni me importa cómo sean otros gatos. Él se llama Lucas pero todos quienes lo queremos le decimos "Gati". Es gritón, chistoso, sentido, dormilón, juguetón, cariñoso. Cuando alguien me hacía llorar hacía guardia junto a mí y no se me despegaba. Yo le platicaba todo. Nos gritábamos mucho y luego nos reíamos de lo histéricos que éramos. Se dormía junto a mi almohada aunque sabía que no me gustaba, de preferencia encima de mi celular como también se acostaba sobre libros o cualquier cosa que pareciera importante; se cobijaba solo como bebé; se metía al clóset cuando había mucho ruido y así alguna vez creímos que se había escapado en la primera mudanza en Aguascalientes. Luis, mi ex, y yo le escribimos poemas; aunque el de él es uno de los más hermosos que he leído. Jugaba a las escondidas con Jimena, quien le escribió una crónica preciosa el día que lo esterilizaron. Era capaz de reconocer el sonido de una lata de atún abriéndose estuviera donde estuviera, dormido o despierto; pero si era atún en aceite, no gracias: el joven de nueve años debía cuidar esa panza que le colgaba (según Yadira, herencia familiar). No creo equivocarme si digo que todos cuantos lo conocieron le sonrieron de inmediato: era, es, un gato con la buena vibra que suele atribuirse a los perros. Hay tantas anécdotas, que seguro seguiré escribiendo sobre él todo el tiempo. Ni siquiera lo consideraba una "mascota", era un compañero: a veces parecía un marido posesivo, a veces un hermano; a veces, las más, el más entrañable de los amigos.

Cuando me mudé al DF y él me alcanzó, todo parecía felicidad. Pero no: mi nuevo espacio no era apto para Lucas Gati. Intentamos todo, él y yo, y a veces parecía que ahí la llevábamos. Estuvimos así casi dos años; pero él no estaba feliz. Una mascota no es sólo un acompañante para el tiempo que estás en tu casa: debe tener libertad, opciones, aire propio; él ya no lo tenía conmigo. Después de mucho pensarlo, busqué un sitio para contactar adoptantes y aparecieron: todavía hoy, cuando terminé mi odisea de una línea completa del metro acompañada de un gato dopado y chillando los dos, algo en mí deseaba que me encontrara con una bruja, que no me diera confianza y que me regresara con él a ver qué hacíamos; sin embargo, su nueva familia es ideal. 

Ahora mi gato es mexiquense. No quiero ni llegar a mi casa llena de pelos porque sé que si desde esta mañana no puedo dejar de extrañarlo y mientras escribo esto no paro de llorar sin importar que estoy en un Internet público, acostumbrarme a la vida sin mi Gati será realmente difícil. Nueve años juntos. Juntos. Gracias.


lunes, 24 de junio de 2013

Serie: Palimpsestos (I)

Estás acostumbrada a las palabras:
un recuerdo feliz no hace felicidad.

Siente,
siente empatía por el viejo que pregunta.

Escríbete un poema, anda,
que vean que no sólo te das
sino que te recibes.

Martilla los lugares donde te sostienes,
anda,
que otros puedan seguir
los pasos que ya diste.

Escribe.
Para.
Escribe.
Borra.

Guarda aquello que borras,
te gusta pensarte luego
como una adivinanza.

Escribe.
Sal.
Escribe.
Azúcar.

La gente nos está mirando,
quiere sabernos;
por eso nos miro yo también
con mis ojos de muertanomedueles.

Si te pasa, que pase:
yo también vengo vestida de largo.