lunes, 4 de febrero de 2013
Levedad
Abre los ojos limpios para este amanecer
que el sol te mire a ti entre los volcanes.
Estás vivo/Estás viva.
Fluyen cuatro elementos en tu sangre:
Agua, manantial dulce,
humedece y fecunda.
Aire, huracán y brisa,
un respiro de instantes.
Tierra, fuente de huellas,
donde los nombres quietos.
Y fuego, casi incendio,
hermoso y diminuto,
incapaz de dañar.
Eso es tuyo.
Y cuando en el silencio no hay secretos,
todo poema cantará verdades.
Si puedes saber esto, eres mío/eres mía.
Si no, piérdete en nuestro ritmo,
y cuéntale a tu amante que leíste palabras
que no dijeron nada.
domingo, 13 de enero de 2013
Cabañuelas 2013: El recuento
Aquí la recopilación de mis cabañuelas 2013, que
ahora fueron mucho más extensas que las anteriores; es que el año dio para mucho.
Las pongo en versión Facebook y versión Twitter (que sí fue distinta a conciencia esta vez), para que el registro quede completo.
Nos vemos en las cabañuelas 2014, amiguitos.
1 de enero, 2013.
Cabañuela #1: Asólate y asómbrate.
Conclusión: También es
bueno ser uno mismo lo sorprendente, de vez en cuando. Vale igual.
2 de enero, 2013.
Cabañuela #2: Ahí está el punto.
Conclusión: Decir lo ya dicho es reescribir y, por
lo tanto, resignificar.
3 de enero, 2013.
Cabañuela #3: ...Y a mis soledades voy.
Conclusión: Si quieres
compañía, cultiva una solitaria.
4 de enero, 2013.
Cabañuela #4: Esa bonita costumbre de acrostiquear, o de cómo el
nombre lo es todo.
1. Coloque primero la “A”
marcada con el número 1 al centro, como base, por quienes ya aman a
los perros.
2. Junte los bordes a la
“L”, por aquellos que se recordarán solo en ocasiones
especiales, si acaso.
3. En la unión de las
piezas anteriores sobreponga la “E”, por el asombro de los astros
fugaces.
4. Ponga la “J” en
posición vertical e insértela en el punto de quiebre, por la
búsqueda misma.
5. Tome en sus manos la
“A” marcada con el número 2 y colóquela en la parte posterior
de la figura, por el lugar que Fue.
6. Coloque la “N” de
cabeza en el ángulo recién formado, por una vida libre de promesas.
7. Remueva la protección
de la “D” y adhiérala a la pieza anterior, por el lugar que ya
Es.
8. En la parte superior
debe haber quedado un espacio abierto; junto a él posicione con
fuerza la “R”, por los limericks que falta escribir.
9. La “A” marcada con
el número 3 es sumamente flexible y está diseñada para ponerla
como, donde y cuando usted guste, por el placer de hacer y deshacer.
¡Listo! Esperamos que
haya sido un éxito. Si se aburrió, se equivocó, dejó el juego a
medias, quedó insatisfecho o perdió piezas, también de eso se
trata. Ahora, si le es dado, haga lo mismo con su propio modelo para
armar. Buen día.
Conclusión: Cuando era
niña me cansaba tanto de hacer planas con mis eternas nueve letras,
que le reclamaba a mi madre el no haberme puesto “Flor”. A veces
sigo de acuerdo.
5 de enero, 2013.
Cabañuela #5: Lado A.
Conclusión: iFiesta en mi casa! iY en las demás! iVestidos bonitos para todos!
6 de enero, 2013.
Cabañuela #6: ¿Qué pasó ayer?
Mi conclusión de hoy es un limerick à la María Elena Walsh, porque tengo que ir entrenando. Va:
Si guarda usted en cajas
su pasado
puede gustarle o no, limpio o gastado;
mas si no lo renueva,
yo le diré: “qué
hueva”:
entienda que hoy es
antes, transformado.
7 de enero, 2013.
Cabañuela #7: Dispénsela...
Conclusión: No disculpe
las molestias que esta cabañuela le ocasionó. Fueron a propósito.
8 de enero, 2013.
Cabañuela #8: Más marthistas que Martha.
Conclusión: Y que siga
la Martha dando... pretextos para vivir bonito.
9 de enero, 2013.
Cabañuela #9: Lados flacos.
Conclusión: Para no perder la bonita costumbre de las cabañuelas con soundtrack, comparto mi mantra actual para superar las flaquezas no requeridas. Fiona Apple me va a empezar a cobrar regalías.
10 de enero, 2013.
Cabañuela #10: Efectos secundarios.
(Música de infomercial. Locutor: “Renunciatín, ¡porque dejar la incomodidad no es de cobardes, sino de hígados sanos!”)
11 de enero, 2013.
Cabañuela #11: “¿Qué oyes?”®.
Conclusión: Ya
lo he escrito antes y me auto-reciclo: estoy convencida de que
conversar auténticamente con otro, con uno mismo o con el mundo es
descosificarse y afirmarse. Por el dulce concierto que tendría que
volver a dibujarse, como antes, en las piedras...
12 de enero, 2013.
Cabañuela #12: Verde, sí; humilde, quién sabe.
Conclusión: Gracias
infinitas por leer, o por no hacerlo. Todo es ganancia.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Canon en espiral
Escribí esto en julio de 2006, tras la barbarie ocurrida en San Salvador Atenco. Fue entonces cuando, por primera vez, la indignación y el horror se instalaron en un sitio profundo de mi voz y por eso, cada vez que lo leo en público no puedo lidiar con él. Desde hace años vengo recitando para mí este mantra doloroso e incómodo, porque no me acostumbro a que siga vigente. No hay un solo día en que estas palabras no me signifiquen algo. Hoy, por ejemplo:
Me conoce tu ausencia. Estuve cuando el frío, soñé con tu rebozo. Supe siempre de los dioses sordos, de los cenzontles trágicos y tibios. Se me acabó la voz cada dos pasos, en el vagón del frente, en la taberna, en la ciudad floreada, cuánto tiempo sin carne, qué dolores de hierro. Parecí dudar ante las campanadas, una lluvia de soles, la piel bajo esas manos. También me deshojé al contacto de los héroes. Vi navegar el grito, mar y luna. No cesé de buscarte, sal y miedo. Empedré mi trayecto hasta tu casa. Tuve un murmullo apenas para el gato, esas plantas, la madre. Lloré sobre tu mesa, las ventanas miraban hacia adentro. Elegí esta trinchera para aguardar tu vuelta. Me quedé dibujando las siluetas que el olvido amenaza. Estoy en esta guerra. Aquí guardo los restos del silencio, bajo mis labios tuyos.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Anteproyecto
I. TESIS
Parece que un estar, un día cualquiera, es capaz de
encender un sol distinto/ Supongo que la voz puede instalarse por encima
de pasillos negros/ Entiendo que un quizá finca abandonos.\ Qué fácil
sorprenderse, herirse, estrellarse, perderse y yo en el centro, pactando
cien razones que luego creo que olvido.
II. ANTÍTESIS
Yo repetida al punto de quedarme sepia.
Yo dibujando un mantra inventado en defensa.
Yo mirándome a mí, prohibido pisotear esta belleza frágil.
Yo hablándome de mí, letra a letra me rescato de lo próximo.
Que no soy una búsqueda: mi ancla.
Que no soy una ausencia: me tengo.
Que no soy un silencio: la madre.
Que no soy una víctima: Yo Viajo.
III. SÍNTESIS
Afuera interpretable, ejemplar, ignorada. Olvido y fuga.
Adentro, aroma de vainilla convertido en certeza. Lo abrazo.
IV. ANEXO ÚNICO
No digo más. Que venga el horror montado en corcel de caucho:
La Mesa ha sido puesta.
sábado, 1 de diciembre de 2012
(Algo viejo y grande... y desleído)
NADA SUCEDE AQUÍ
Alejandro Aura
Esta mañana es diferente todo,
hay algo viejo y grande y desleído.
Irregular como el siglo, el aire está latiendo;
las montañas parecen recortadas,
hechas de abajo para arriba, suspendidas.
Y todo este paisaje, grave y rencoroso,
nos llega como piedras a los ojos.
Un hombre dirá que aquí nació.
Habrá de preguntar por su episodio.
–Nada, señor, el tiempo es oficial. Nada sucede.
Pero los ancianos se quejan de la muerte.
Como que aquí no ha sucedido nada,
como que este mismo lugar ha estado quieto,
¿a través de qué muertos, de qué tiempo?
¿a través de qué fusiles ha estado inmensamente quieto?
Esta mañana, sin embargo, es diferente todo.
Andale, cuento, comienza a revelar la sangre,
di lo que te piden los señores.
En qué país naciste,
y a qué hora de su historia,
y en dónde consumiste el ruido voraz que te dejaron.
Cuéntales desde dónde el sol se te quedó estancado;
cuéntales de cómo se murió, lleno de luz, tu abuelo,
de cómo te parió tu abuela desde entonces,
de cómo te quedaste sin nombre todo el rato.
Meshico es una vieja palabra con millones de espejos
en donde cada quien respira la imagen que le toca.
Alguien se levantó con hambre a media noche, siempre,
y no escontró qué comer ni qué ponerse,
y en este globo que digo
van metidos los años y los años,
alguien también se levantó con hambre a media noche
y se encontró a los prójimos dormidos.
Cuándo, occidental a medias, cuándo,
humano a medias, escorpión, hermano, cuándo.
Alguien cogió macana
y alguien más en el mundo
tuvo miedo.
Alguien llegó del mar;
ay mar, ay mar,
recapacita.
De qué manera nos llovió la muerte desde entonces.
De qué manera la esclavitud tuvo sus hijos.
De qué manera la soledad se aposentó en mi trono.
Ay mar, ay mar,
qué manera de estar una nación
muriéndose a pedazos,
qué manera de no volver a ser
nunca uno mismo
con su aire y con su casa.
Pero la historia es una nota ronca
que no puede ser cantada con violines.
Rasguémosle el color al apisodio negro,
nadie tiene necesidad de lastimarse.
Si una noche dijo su grito el cura
y todo sucedió como se sabe,
el fusil para todos,
la horca y el cadalso para todos,
flores para el engaño todos,
bien les haya, que el pueblo los llora y los recuerda.
Hay siempre y cada vez nuevas campanas,
y siempre y cada vez hombres del barro
que se cuece en el sol de nuestra sangre.
Los siglos, señores,
nunca han tenido más de cien disparos enemigos.
Hay que seguir entonces,
hay que seguir tocando al corazón de cada historia.
Díganme la primera palabra
y yo completaré el terror de lo que pasa
con yambos de madera.
Ponte de pie, recuerdo,
que hoy vas a llorar
lo más amargamente
que has llorado.
Si el hombre tuvo dolor en su contorno,
tuvo al menos dolor que cobijarse.
Si tuvo que aparecer como suspiro el hombre,
tuvo al menos el aire que lo armaba.
Pero la muerte, ¡puta!,
es no tener nunca más nada.
Todo el que pasa por la calle
tiene en su haber una paloma,
hay que ser consecuentes
con los hombres que pasan y nos miran
y no comprenden nada.
Al menos si dejamos de decirles
negro y crimen
y chacales de miedo agazapados en las puertas
y
se murieron tu padre y tus hermanos
y tu niña y tu hijo
y tú no sabes nada,
y es que otra mañana
estalló su polvorón la muerte.
Revolución de azúcar
para el café más negro de la historia.
Aplástate carmín
en el charco de sangre de los nombres.
Hay que tener presente el amor a los humanos
y no decirles nada.
Este país tuvo su esponja de mezquite
y nadie supo nada.
Bendíceme, sonaja,
voy a traerte el pan de esta mañana,
y nadie trajo nada.
En el hollín del aire
se han quedado libres
los olores de muerto.
Un millón de muertos
para que se llenen los libros de lecciones.
Un millón de muertos
y nadie supo nada.
Abran el cajón de la esperanza, nos ahogamos,
nos van a encontrar ya congelados de horror cuando amanezca.
abran la puerta,
abran todo lo que se pueda abrir en este siglo.
Pero decir así las cosas es decir que en la tierra
existe el odio
y aquí nunca hemos tenido más que amor
los unos a los otros.
Pero decir las cosas es negar que la paz
exista en nuestra tierra,
y no puede ser
porque la paz
la hemos llenado de banderas.
¿O alguien, antes, quisiera agregar un cementerio?
¿Como que todas las mañanas nace pequeño un árbol?
Pues al camino entonces,
que se siga descorriendo el tul de la montaña.
Porque aquí nada sucede,
el tiempo es oficial.
Una bandada de mariposas
hace funcionar los engranajes.
La historia,
en un enorme acueducto sin trabas y sin diques,
corre cristalina y pura
a la boca de todos los niños transparentes.
Nada sucede aquí,
más que manzanas,
más que tranquilas auroras
y tranquilos crepúsculos dorados.
Una muchacha lindalleva la ropa de la patria,
y nos hace una seña
y acudimos,
y ella desaparece
como un beso
plantado a las estrellas.
Alejandro Aura
para Fernando Córdoba Lobo
Esta mañana es diferente todo,
hay algo viejo y grande y desleído.
Irregular como el siglo, el aire está latiendo;
las montañas parecen recortadas,
hechas de abajo para arriba, suspendidas.
Y todo este paisaje, grave y rencoroso,
nos llega como piedras a los ojos.
Un hombre dirá que aquí nació.
Habrá de preguntar por su episodio.
–Nada, señor, el tiempo es oficial. Nada sucede.
Pero los ancianos se quejan de la muerte.
Como que aquí no ha sucedido nada,
como que este mismo lugar ha estado quieto,
¿a través de qué muertos, de qué tiempo?
¿a través de qué fusiles ha estado inmensamente quieto?
Esta mañana, sin embargo, es diferente todo.
Andale, cuento, comienza a revelar la sangre,
di lo que te piden los señores.
En qué país naciste,
y a qué hora de su historia,
y en dónde consumiste el ruido voraz que te dejaron.
Cuéntales desde dónde el sol se te quedó estancado;
cuéntales de cómo se murió, lleno de luz, tu abuelo,
de cómo te parió tu abuela desde entonces,
de cómo te quedaste sin nombre todo el rato.
Meshico es una vieja palabra con millones de espejos
en donde cada quien respira la imagen que le toca.
Alguien se levantó con hambre a media noche, siempre,
y no escontró qué comer ni qué ponerse,
y en este globo que digo
van metidos los años y los años,
alguien también se levantó con hambre a media noche
y se encontró a los prójimos dormidos.
Cuándo, occidental a medias, cuándo,
humano a medias, escorpión, hermano, cuándo.
Alguien cogió macana
y alguien más en el mundo
tuvo miedo.
Alguien llegó del mar;
ay mar, ay mar,
recapacita.
De qué manera nos llovió la muerte desde entonces.
De qué manera la esclavitud tuvo sus hijos.
De qué manera la soledad se aposentó en mi trono.
Ay mar, ay mar,
qué manera de estar una nación
muriéndose a pedazos,
qué manera de no volver a ser
nunca uno mismo
con su aire y con su casa.
Pero la historia es una nota ronca
que no puede ser cantada con violines.
Rasguémosle el color al apisodio negro,
nadie tiene necesidad de lastimarse.
Si una noche dijo su grito el cura
y todo sucedió como se sabe,
el fusil para todos,
la horca y el cadalso para todos,
flores para el engaño todos,
bien les haya, que el pueblo los llora y los recuerda.
Hay siempre y cada vez nuevas campanas,
y siempre y cada vez hombres del barro
que se cuece en el sol de nuestra sangre.
Los siglos, señores,
nunca han tenido más de cien disparos enemigos.
Hay que seguir entonces,
hay que seguir tocando al corazón de cada historia.
Díganme la primera palabra
y yo completaré el terror de lo que pasa
con yambos de madera.
Ponte de pie, recuerdo,
que hoy vas a llorar
lo más amargamente
que has llorado.
Si el hombre tuvo dolor en su contorno,
tuvo al menos dolor que cobijarse.
Si tuvo que aparecer como suspiro el hombre,
tuvo al menos el aire que lo armaba.
Pero la muerte, ¡puta!,
es no tener nunca más nada.
Todo el que pasa por la calle
tiene en su haber una paloma,
hay que ser consecuentes
con los hombres que pasan y nos miran
y no comprenden nada.
Al menos si dejamos de decirles
negro y crimen
y chacales de miedo agazapados en las puertas
y
se murieron tu padre y tus hermanos
y tu niña y tu hijo
y tú no sabes nada,
y es que otra mañana
estalló su polvorón la muerte.
Revolución de azúcar
para el café más negro de la historia.
Aplástate carmín
en el charco de sangre de los nombres.
Hay que tener presente el amor a los humanos
y no decirles nada.
Este país tuvo su esponja de mezquite
y nadie supo nada.
Bendíceme, sonaja,
voy a traerte el pan de esta mañana,
y nadie trajo nada.
En el hollín del aire
se han quedado libres
los olores de muerto.
Un millón de muertos
para que se llenen los libros de lecciones.
Un millón de muertos
y nadie supo nada.
Abran el cajón de la esperanza, nos ahogamos,
nos van a encontrar ya congelados de horror cuando amanezca.
abran la puerta,
abran todo lo que se pueda abrir en este siglo.
Pero decir así las cosas es decir que en la tierra
existe el odio
y aquí nunca hemos tenido más que amor
los unos a los otros.
Pero decir las cosas es negar que la paz
exista en nuestra tierra,
y no puede ser
porque la paz
la hemos llenado de banderas.
¿O alguien, antes, quisiera agregar un cementerio?
¿Como que todas las mañanas nace pequeño un árbol?
Pues al camino entonces,
que se siga descorriendo el tul de la montaña.
Porque aquí nada sucede,
el tiempo es oficial.
Una bandada de mariposas
hace funcionar los engranajes.
La historia,
en un enorme acueducto sin trabas y sin diques,
corre cristalina y pura
a la boca de todos los niños transparentes.
Nada sucede aquí,
más que manzanas,
más que tranquilas auroras
y tranquilos crepúsculos dorados.
Una muchacha lindalleva la ropa de la patria,
y nos hace una seña
y acudimos,
y ella desaparece
como un beso
plantado a las estrellas.
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